Michael Myres, antagonista de la película de Halloween de (1978) del director John Carpenter. Es un personaje construido casi por completo a través de la información implícita que nos da la misma película. Desde el inicio, cuando lo vemos asesinar a su hermana siendo un niño y años después, regresar como adulto, la película no explica qué le ha ocurrido psicológicamente, pero su comportamiento lo deja claro. Su silencio absoluto, su mirada oculta tras la máscara blanca y la forma en la que observa a sus víctimas desde la distancia nos indican que es una figura fría, sin sentimientos y carente de empatía. Un ejemplo claro ocurre cuando Michael Myres sigue a Laurie Strode por el vecindario sin atacarla inmediatamente, porque no corre, no se esconde con urgencia, simplemente observa.
A lo largo de la misma película, se nos da más información sobre Michael, sin verbalizar mediante sus enfrentamientos finales. Michael es apuñalado, recibe disparos y cae desde un balcón, situaciones que deberían acabar con cualquier persona. Sin embargo, vuelve a levantarse una y otra vez. Nadie afirma que es inmortal o sobrenatural, pero uno como espectador entiende que no es un ser humano normal. Además, su persecución constante a Laurie carece de una motivación clara, porque no hay una venganza y menos una explicación. Esta ausencia de razón convierte a Michael Myres en una representación del mal sin causa, algo que existe y ya. Así, Halloween construye su terror mostrando acciones, repeticiones y silencios, logrando que comprendamos quién es Michael Myres sin que la película tenga que explicarlo. Aquí para ver ejemplo 1 y aquí para ver el ejemplo 2.



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